Asediar

Del lat. obsidiāri.

Presionar insistentemente a alguien.

El asedio de Sarajevo supuso el sitio más largo en la historia reciente de Europa occidental, y en mis retinas infantiles, el acontecimiento cuyas imágenes han quedado grabadas como un punto de inflexión en mi búsqueda del conocimiento y los engranajes del mundo que me rodea. Domingo tras domingo, los periódicos traían fotografías de un conflicto a las mismas  puertas de Europa, una ciudad moderna y dinámica totalmente devastada, capital 8 años atrás de unos juegos olímpicos de invierno, y del qué uno no comprendía bien los motivos ni las razones del conflicto, salvo que nos indicaron quienes eran los buenos, y sobre todo quienes eran los malos.
Aquellas imágenes me sobrecogieron, y  con los años se han convertido en el punto de partida de comparación para cualquier imagen de destrucción tan habitual en los malditos tiempos de los que somos testigos.

Dos décadas después del final de aquel fatídico conflicto, mi ciudad, Jerez, sobrelleva desde 2008 la nueva guerra que sacude el continente europeo. La historia demostró, que las armas solo otorgan dominaciones simbólicas y perecederas, Pírricas en su acepción más concreta, y que son otros factores los que crean los cimientos de las dominaciones a larga escala. El nuevo arma del ejército del siglo XXI es la economía, y mi ciudad sin un cañón de fuego apuntando a su corazón, se encuentra sometida por una deuda y un paro que la resquebrajan y convierten en una ciudad sitiada sin que sus habitantes muchas veces se den cuenta del delicado suelo por el que pisan. Rozando el 40% de paro,  con una de las deudas por habitantes más altas del país, y con la parálisis de una ciudad acostumbrada al clientelismo del falso líder, la ciudad se dirige sin remedio a la suerte que otras muchas ciudades de la historia han corrido en tiempos pasados.
Después de mucho andar por sus calles, y no hacer más que llevarme a la cabeza aquellas imágenes de pequeño de lo que era la Sarajevo sitiada, he decidido mostrar sin retoques como hoy es mi ciudad, y porque cuando paseo por ella mi mente evoca esas fotografías que veía de pequeño. Si con ello consigo que los propios ciudadanos nos demos cuenta de la gravedad de la situación algo habremos ganado con ello. Si por otro lado, se muestra fuera de la ciudad la tragedia que vivimos los Jerezanos sin atisbo de solución a pequeña escala, se habrá ganado otra batalla. Cualquier cosa es mejor que dejar de ver, escuchar o decir.

Aquí solo hay lugares sin más, simples imágenes, lo que nuestros ojos han asumido como cotidiano, pero que con la suficiente perspectiva podrían asustar y dar conciencia de que debemos reeducar nuestra mirada para ser objetivos y actuar en consecuencia. No señalaré los lugares, ni señalaré los culpables, el que vea que decida y reflexione.
Son nuestras manos las que deben aceptar nuestra realidad o luchar por cambiarla.

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